RENOIR, A FLOR DE PIEL

Hace una semana fui a la exposición “Renoir. Intimidad” en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid (hasta el 22 de Enero de 2017) donde se exponen unos 70 cuadros bajo la premisa de disfrutarlos no sólo con la vista, como es habitual, sino también con el sentido del tacto. ¡Ojo!, no penséis que la gente puede tocar los cuadros ¡eso sería un sacrilegio en un museo!.exposicion-de-renoir-en-el-thyssen-blog-lp No, lo que el Thyssen propone es “apreciar las sensaciones táctiles” que se reflejan en los cuadros de Pierre-Auguste Renoir, una filosofía a la que se adscribía el propio Maestro Impresionista cuando afirmaba su predilección por aquellos cuadros de paisajes que daban ganas de darse un paseo por su interior o aquellos retratos que invitaban a explorar sus texturas.
Su hijo, el cineasta Jean Renoir, ahondaba en la cuestión señalando que su padre, cuando pintaba, no lo hacía únicamente para que sus cuadros fueran “vistos” sino para que también se “vivieran” con los otros sentidos de forma que se despertara en el espectador una respuesta emocional y placentera como si se sintiera “dentro” de la obra.
¿Os apetece daros una vuelta por el mundo de texturas de Renoir?… ¡pues manos a la obra!.
¿CÓMO SE “EXPRESA” EL TACTO EN LA PINTURA?
O lo que es lo mismo: ¿cómo se puede plasmar la suavidad, la aspereza, lo frío o lo cálido con un simple pincel y unos pigmentos?.
Es evidente que la gama de colores con sus tonalidades frías y cálidas es clave en este aspecto pero también lo es la técnica de pintura que se emplee pues no es lo mismo dibujar al carboncillo que pintar a la acuarela, al óleo, con acrílico o con pastel. Dependiendo del efecto que el artista quiera conseguir se decantará por una técnica u otra. Pero incluso en una misma técnica los resultados pueden variar en función de la intensidad con la que se aplique porque no es lo mismo saturar el pincel con pigmentos para poner “pegotes” en el lienzo que si se da una pincelada más aguada para obtener un acabado más ligero. paleta-cromatica-blog-lp
En esta exposición de Renoir contemplé algunos cuadros que, a simple vista, me parecían pintados al pastel pero, al acercarme a leer la leyenda que los acompañaba, ¡resulta que estaban pintados al óleo!. ¡Cómo puede engañarnos la vista!. Renoir aplicaba el óleo muy suave dando un acabado brumoso, difuminado y placentero, como si lo hubiera pintado con pastel. Dichos cuadros “engañosos” fueron el de las “Confidencias” (1874), “El almuerzo de los remeros” (1875), un retrato de una joven (1901) así como un paisaje marítimo (“Marina”) y “El estanque o paisaje de Cagnes-sur-Mer”.
Por otro lado, el ritmo de la ejecución también es importante. La pincelada rápida y suelta de los impresionistas produce resultados diferentes a la pincelada detallada y concisa que perfila y rellena contornos.
En Renoir, como Maestro Impresionista, sobresale, lógicamente, la pincelada ligera y fugaz que quiere captar el instante pero eso no nos debe llevar a pensar que no prestaba atención a los detalles porque si algo nos enseña esta exposición “intimista” del Thyssen es que el pintor francés dominaba a la perfección el tratamiento de las texturas ya fueran ropajes, la piel del cuerpo humano o la vegetación de la Naturaleza, logrando captar la esencia de cada una de ellas.
DISEÑADORES DEL MUNDO: INSPIRAOS EN MONSIEUR RENOIR
Muchos diseñadores de moda se inspiran en el Arte para sus nuevas creaciones lo que es lógico ya que “no hay nada nuevo bajo el sol” y la moda se repite cíclicamente. Actualmente, inmersos en una estética híbrida donde conviven las faldas largas con los estampados escoceses, los toques punk con las blusas victorianas y las chaquetas tres tallas más grandes, es normal que los diseñadores vuelvan sus ojos al Arte de otras épocas y se inspiren en la moda reflejada en los cuadros. raul-de-la-riva-y-renoir-blog-lp
Estoy convencida de que Raúl de la Riva, el apasionado “diseñador” de las Galerías Velvet, se habría quedado cautivado con esta exposición de Renoir y sus exclamaciones de devoción al artista francés le habrían valido más de una advertencia para que bajara la voz por parte del personal del Thyssen (pero, ¿quién es capaz de hacer callar a Raúl de la Riva?).
¿Y qué decir de los diseñadores “reales”?. Los patrios Jorge Vázquez y Lorenzo Caprile o los extranjeros Dior y Elie Saab… ¿no habéis visto todavía la exposición de Renoir en el Thyssen? ¿no os habéis deleitado con las faldas abullonadas, los encajes, los sombreros o las pieles que cubren los cuellos de las damas que nos observan a nosotros, los “intrusos” visitantes, desde los “palcos” de sus marcos?.
postales-de-renoir-blog-lpRenoir usaba pincel pero, vistas sus proezas artísticas en el tratamiento de los ropajes, bien podrían haberle premiado con la “Aguja de Oro”. No se le resiste ningún tejido y lo mismo “viste” al óleo los flamantes vestidos blancos y vaporosos de damas tocando el piano o compartiendo confidencias con su pareja (y su perrito) en un jardín refrescante, que realza la belleza de la poetisa Alice Vallière con un elegantísimo vestido color marfil o da prestancia a los chicos “Durand” (hijos de Durand-Ruel, el Galerista de los Impresionistas) con una selección de tejidos en sus chaquetas que ya querría Emidio Tucci para su próxima colección. ¿Y qué decir del fascinante corpiño de factura aterciopelada en gamas de añiles y malvas de “La Soñadora” o los brocados del velo y las mangas suaves y transparentes de “La Argelina”?.
Contemplando esos ropajes me dieron ganas de rozar con las yemas de los dedos esos pigmentos de pintura con la ilusión de que se desprendiera una plumita, un hilo dorado, un trocito de gasa o encaje…
LA “VIE EN ROSE” DE LAS BAÑISTAS
Y de las mujeres cubiertas de pies a cabeza a las “Evas en el Jardín del Edén”: la exposición dedica toda una sala a los desnudos femeninos (algunos de los cuales recuerdan a “Las tres Gracias” de Rubens) donde se evidencia el dominio de las texturas de la piel. Los visitantes nos vemos asaltados por pieles rosáceas y blancas, con pinceladas azules que dan forma y profundidad a los contornos sinuosos de las espaldas. Todo un desfile de pieles, apenas tocadas por el sol, que están pidiendo a gritos una protección solar de 50…
PAISAJES DE ENSUEÑO
En la película de Disney “Tomorrowland” la protagonista se encuentra una insignia “especial” que, al tocarla, la traslada a un maravilloso campo de espigas. En la exposición vi un cuadro titulado “Campo de trigo” (1879) que me recordó, precisamente, al de la película con un magnífico paisaje de espigas y unas colinas boscosas al fondo. Las pinceladas del campo de trigo, de un amarillo intenso, son rápidas y enérgicas y se mezclan con trazos rojizos y verdes hasta difuminarse en la lejanía.campo-de-espigas-blog-lp
Renoir sabe despertar en el lienzo en blanco la suavidad de los pétalos de las flores pero también la aspereza de los matorrales del campo, como en el cuadro de las colinas de Guernsey donde la variada tonalidad de verdes y amarillos visten la típica vegetación de montaña que araña nuestras pantorrillas cuando disfrutamos de la Naturaleza en pantalón corto.Otros de sus paisajes parecen sacados de un sueño, con una atmósfera brumosa y difusa como si la Tierra se hubiera envuelto con un foulard de gasa. Así me pareció con la “Marina” (1879-1880) de tonos suaves verdosos y añiles que me recordó a los cuadros marítimos de Turner o con “El estanque o paisaje de Cagnes-sur-Mer” bañado por una onírica gama de rosas como si el mundo hubiera decidido un día despertarse y vestirse exclusivamente con ese color (este paisaje “rosa” habría sido, sin duda, uno de los favoritos de Anne Shirley).
A SOLAS CON RENOIR Y LA MUJER CON SOMBRILLA EN EL JARDÍN
Justo al final de la exposición, una pequeña salita en penumbra guarda una última sorpresa para los visitantes: un “jardín secreto”, como lo llamaría la escritora Hodgson Burnett, donde se nos invita a disfrutar con los sentidos del cuadro “Mujer con sombrilla en el jardín”.

Imagen cedida por cortesía de Belenworld.
Imagen cedida por cortesía de Belenworld.

Es el “sueño” de Renoir hecho realidad, la posibilidad de sentirnos no ya como espectadores de su paisaje sino como protagonistas del mismo. La experiencia táctil (ideal también para invidentes) la proporciona una reproducción volumétrica del cuadro en la que, esta vez sí, podemos deslizar las yemas de los dedos para sentir los distintos volúmenes y texturas de un jardín silvestre al tiempo que se nos invita a cerrar los ojos y dejarnos mimar por sonidos de la Naturaleza como trinos de pájaros, zumbidos de abejas o el fragor de unos pies cruzando la floresta. La experiencia olfativa la brindan las esencias de margaritas, lirios, amapolas y hierbas que emanan de unos pequeños búcaros alojados, discretamente, en pequeñas hornacinas.
LOS CUADROS QUE ME LLEVARÍA A CASA… CON PERMISO DE LA BARONESA THYSSEN…

Imagen cedida por cortesía de Belenworld
Imagen cedida por cortesía de Belenworld

Hay varios que me encantaría colgar en mi casa como el de la pareja de “Confidencias”, “La mujer con sombrilla en el jardín” y “El estanque o paisaje de Cagnes-sur-Mer”. Y diréis: ¡qué lista, quiere los originales!. Pues sí, ¿y sabéis por qué?. Porque las reproducciones que compramos en los museos, o las que vemos en los libros de arte o en internet, difieren muuuchoooo en sus gamas de colores de los originales pareciendo, con frecuencia, cuadros totalmente diferentes. Sin embargo, creo que tendré que conformarme, por ahora, con las litografías al uso y con el disfrute efímero de los originales en los museos. Esa es una de las razones por las que os recomiendo que, cuando os guste mucho un pintor y pongan una exposición suya a vuestro alcance, vayáis a visitarla porque de verdad merece la pena ver y disfrutar los originales, aunque sólo sea por un rato.
EDITH WHARTON ELEGIRÍA A RENOIR
Me gusta mucho cuando las editoriales ilustran las portadas de sus novelas con obras pictóricas y en esta exposición de Renoir he encontrado algunos cuadros que vendrían como anillo al dedo para unos cuantos libros.
Así, el retrato de la poetisa Alice Vallière se me antoja ideal para cualquier relato de Edith Wharton o Henry James y el cuadro de las “Jóvenes leyendo” o el de la “Mujer tocando el piano” serían perfectos para “Mujercitas” de Louisa May Alcott. Por otro lado, el retrato de Monet, fumando su pipa y leyendo el periódico, creo que iría muy bien para alguna novela de Dickens o para “Moby Dick” de Herman Melville.
PINTAR COMO SI PUSIERA UN MARCO A LA NATURALEZA
Esta exposición me ha resultado una experiencia muy gratificante al abrir mi mente a horizontes más amplios en cuanto al disfrute de una muestra pictórica. Espero que os hayan resultado interesantes estas pinceladas literarias sobre Renoir y os animen a redescubrir su obra de una manera más profunda, la obra de un artista donde cada pigmento de óleo se transforma, con su pincelada a modo de varita mágica, en el roce de un pétalo, en una atmósfera plácida bañada por la luz del sol o en un sedoso vestido que rivalizará con la suave piel de su dueña.
Como si simplemente le hubiera puesto un marco a la Naturaleza…

Más información en el enlace de abajo:
Exposición Renoir en el Thyssen

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2 comentarios en “RENOIR, A FLOR DE PIEL

  1. Esta reseña desde luego que amplía el horizonte de las obras de Renoir. Gracias por compartir tus impresiones! Resultan muy enriquecedoras.
    Entre mis cuadros favoritos está el de “Mujer con sombrilla en el jardín”, y el de “El campo de trigo” Qué ganas me da de lanzarme a la carrera y poder aterrizar en ese mullido campo de espigas. Por cierto la foto que has puesto del campo es preciosa ; .
     Observando  “El almuerzo de los remeros” tenia la sensación de estar escuchando el zambullido de los remos al sumergirse en el agua y podía sentir la atmósfera húmeda del río.
    …pensándolo bien…tengo un montón de cuadros favoritos 🙂
    Y estoy de acuerdo contigo, ver un cuadro al natural supera con creces al verlo en foto, al natural los colores son vibrantes e intensos.

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    1. ¡Gracias a ti por compartir tus impresiones, Marga!. Desde luego tú, dedicándote a la pintura y a la ilustración, debiste disfrutar mucho de la exposición. Me encanta la reflexión que haces sobre “El almuerzo de los remeros”, es tan evocadora… seguro que esas emociones son las que quería despertar Renoir en los que contemplaran su cuadro. En cuanto a la foto de las espigas, la hice este verano y me quedó muy bonita. Esos paisajes producen sosiego y calma y tienen unos colores tan intensos que no puedes dejar de soñar con ellos. A ver si ahorramos dinero y compramos algunos de los originales, ¿eh? ja, ja…
      Que tengas buena tarde, amiga 🙂

      Le gusta a 1 persona

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