EBENEZER SCROOGE Y UN CUENTO DE NAVIDAD CON MUCHO “TACTO”

Hoy “Letras Parlanchinas” finaliza esta serie de post navideños “dickensianos” con una referencia a las sensaciones táctiles apreciadas en “Cuento de Navidad”.
Al ser una historia que transcurre en Londres durante el invierno, es fácil imaginar que una gran mayoría de las referencias al sentido del tacto tienen que ver con el frío. Y, así es. Se hace mención del tiempo frío y neblinoso, de la humedad y de la nieve y dicho ambiente borrascoso requiere un plan de contingencia de los londinenses para entrar en calor ya sea con la lumbre del hogar o las fogatas improvisadas en las calles.

Imagen cedida por cortesía de Koketo
Imagen cedida por cortesía de Koketo

Frío y calor. Y, como ya he dicho en posts anteriores, al ser Dickens un maestro de la recreación de atmósferas, dicho helor y dicha calidez saltan de las páginas del libro para atrapar al lector quien, a lo mejor de repente, siente la necesidad de arroparse con una mantita mientras se sumerge en la lectura de la historia de Ebenezer Scrooge.
Colocaos vuestros gorros de pompón y vuestras bufandas… ¡nos vamos a Londres!.
“El tiempo era frío, áspero, destemplado y, además, brumoso; y Scrooge podía oír cómo las gentes que iban y venían por la plazuela jadeaban, se golpeaban el pecho con las manos y zapateaban sobre las piedras del pavimento para entrar en calor (…) la oscuridad era ya completa: no había luz diurna y las velas brillaban en las ventanas de las oficinas próximas como manchas rojizas en el aire espeso y oscuro. La niebla se filtraba por los resquicios y los ojos de la cerraduras, y era tan densa en el exterior que, a pesar de lo estrecha que era la plazuela, las casas de enfrente parecían simples fantasmas”.
No me extrañaría que esas páginas de “Cuento de Navidad” desprendieran vaho al pasarlas… la sensación de frío es tan palpable que puedo ver con claridad las mejillas enrojecidas de los viandantes y cómo se frotan las manos para entrar en calor mientras hacen algún que otro movimiento espasmódico en plena calle que, lo más seguro, no logre el ansiado calor y sí más de una risa por parte de los demás. lumbre-blog-lp
Al pobre Bob Cratchit no le va mejor que a los que están en la calle. A pesar de estar guarecido en la oficina de Scrooge copiando cartas, su situación no sería mejor que si estuviera dentro de un iglú:
“Scrooge tenía encendido un fuego muy pequeño; pero el que ardía en la habitación del escribiente era aún más débil, tanto que apenas parecía una brasa. Sin embargo, él no podía avivarlo, pues la carbonera se hallaba situada en el despacho de Scrooge; y si al escribiente se le hubiera ocurrido entrar con la pala, el jefe le habría augurado que él y la pala estaban de más en aquel lugar. De modo que el escribiente se embozaba en su bufanda blanca y procuraba calentarse con la vela, intento en el que, no siendo hombre de viva imaginación, siempre fracasaba”.
¡Pobre Bob Cratchit!. Ya se ha procurado los medios el Señor Scrooge para que su empleado no pueda calentarse como es debido… ¡Miserable Ebenezer, ten cuidado con el calor que robas a los demás, no sea que al final acabes ardiendo en las hogueras del infierno!.

Imagen cedida por cortesía de Koketo
Imagen cedida por cortesía de Koketo

En pasajes así deseas que la frontera entre el lector y los personajes se diluya unos instantes para poder prestarle a Bob Cratchit un buen abrigo y unos guantes. O para tender unas mantas a los pobres que se arraciman en la calle en torno a un brasero “y parpadeaban, extasiados, ante la hoguera”.
“Cuento de Navidad” es una historia de redención pero también de denuncia de las míseras condiciones que sufrían las clases obreras durante la feroz Revolución Industrial del siglo XIX y son, precisamente, estos pasajes en los que se muestra la crudeza del invierno y la falta de refugios para los desvalidos los que mejor ilustran esa llamada de atención de Charles Dickens para cambiar las cosas y sacudir las conciencias. Quién le iba a decir al escritor inglés que su mensaje seguiría estando de actualidad en pleno siglo XXI…
Pero no sólo el tiempo atmosférico “toca” a los personajes con sus dedos gélidos o cálidos… los objetos también tienen esa cualidad sensorial y, en ocasiones, incluso un mismo objeto o personaje emana, al mismo tiempo, las opuestas sensaciones de frío y calor… ¿no os lo creeis? pues fijaos en el pasaje que habla del fantasma de Jacob Marley:
“La cadena que arrastraba le ceñía la cintura. Era muy larga, se enroscaba en torno a él como un gran rabo y estaba formada (pues Scrooge la vio de cerca) por cajas fuertes, llaves, candados, libros de contabilidad, escrituras y pesados talegos de malla metálica”.
Todos hemos sentido el frío que desprende una cadena o cualquier objeto metálico cuando entra en contacto con nuestra piel así que imaginad la gelidez que emanaría una “boa constrictor” de metal como la que ha forjado Jacob Marley en vida y que ahora, como alma en pena, está obligado a portar…
Pero, además del frío, el fantasma de Marley desprende calor:
“Era, además, abrumador que el espectro se hallara dotado de su propia atmósfera infernal. Scrooge no podía palparla, pero su existencia era evidente; pues, aunque el espectro estuviera inmóvil, sus cabellos, los faldones de su levita y las borlas de sus botas se agitaban como si recibieran las cálidas bocanadas de un horno”.
Ya veis, frío y calor en un mismo personaje y, puestos a pensar, no sé cuál de las dos sensaciones puede ser más terrorífica porque este “calor” de Marley no es agradable ni reconfortante y parece provenir del mismísimo inframundo…
baul-navideno-blog-lpNada que ver con la calidez “mágica” que debía desprender la mano del Espíritu de la Navidad Pasada cuando le exhortó a viajar con él al pasado:
“Extendió, mientras hablaba, su poderosa mano y asiole suavemente por el brazo:
-¡Levántate y ven conmigo!.
Habría sido en vano que Scrooge alegara (…) que su cama estaba caliente y el termómetro marcaba muchos grados bajo cero; que él iba muy ligeramente vestido con sus zapatillas, su bata y su gorro de dormir; y que en aquel momento se encontraba resfriado. La fuerza de aquella mano, aunque suave como la de una mujer, era irresistible”.
Y cuando Scrooge comprobó que el Espíritu iba a salir por la ventana y le expresó su miedo a caer, éste le “tocó” en el corazón y le aseguró que estaría libre de peligro. ¿Qué sentiría el viejo tacaño cuando el espectro le rozó el corazón?. Sin duda sería un candor especial, imposible de definir con palabras, que abriría la primera brecha en la cavidad glaciar que Scrooge tenía por corazón.
Y lo mismo se puede decir de la túnica del Espíritu de la Navidad Presente cuando Scrooge se aferra a ella para “viajar” a la mañana de Navidad: su tacto tenía que ser infinitamente más agradable que el terciopelo y su calidez más poderosa que la que pudiera conferir la lana de la mejor oveja del mundo.
Sin embargo, este post de sensaciones táctiles quedaría incompleto si no hiciera referencia a otro tipo de calor y frío, muy diferentes a los atmosféricos…me estoy refiriendo a los grados por encima y por debajo del mercurio “emocional”: las temperaturas de los sentimientos y del alma…
Aquí Ebenezer Scrooge y Tiny Tim encarnan la cara y la cruz de la misma moneda.

¿Ramas en la nieve o un corazón helado?.  Imagen cedida por cortesía de Koketo
¿Ramas en la nieve o un corazón helado?. Imagen cedida por cortesía de Koketo

El anciano avaro tiene por alma un témpano de hielo y el niño tullido, “bueno como el oro” en palabras de su padre, aviva los corazones de los demás. Así definía Dickens al Señor Scrooge:
“Duro y cortante como un pedernal del que ningún acero pudo sacar jamás una chispa generosa (…) su frialdad interior helaba sus viejas facciones, afilaba su puntiaguda nariz, marchitaba sus mejillas, envaraba su forma de andar, enrojecía sus ojos y amorataba sus labios; y hacía que, al hablar, su voz fuera seca y chirriante. Una gélida escarcha se había posado en su cabeza, en sus cejas y en su barbilla hirsuta. Siempre llevaba consigo su propia temperatura glacial; congelaba su oficina en los días más calurosos, y no la deshelaba ni un grado por Navidad”.
De hecho, según Dickens, ni siquiera los fenómenos atmosféricos ejercían semejante crudeza sobre los humanos como la que ejercía Scrooge sobre sus congéneres. Después de semejante descripción no es de extrañar que la gente se apartara de su lado como si tuviera la peste.
En cambio, Tiny Tim con su muleta de madera, siempre caliente por el tacto de su manita aferrada a ella, despertaba tal energía de compasión y ternura en los demás que haría saltar por los aires el mercurio del termómetro. Y fue precisamente el hijo de Bob Cratchit quien acabó derritiendo el corazón helado del mezquino prestamista. Él, un pequeñín con ninguna perspectiva de futuro y un desheredado del mundo, desarmó por completo al poderoso patrón incapaz de soportar la imagen de una silla vacía junto al fuego y “una muleta sin dueño” si las sombras del futuro seguían su curso…
Pero las sombras del futuro cambiaron ¡y vaya si lo hicieron!.

Imagen cedida por cortesía de margaindesign
Imagen cedida por cortesía de margaindesign

Ebenezer Scrooge se aprendió la lección y se transformó en un hombre nuevo. Pocos finales literarios hay tan exultantes y maravillosos como éste donde el protagonista se despierta la mañana de Navidad y se da cuenta de que todavía tiene tiempo por delante para cambiar el rumbo de su vida. El propio lector “siente” el alivio del anciano como si fuera propio y también se hubiera despertado de una agobiante pesadilla para darse cuenta de que, afuera, hace un precioso y luminoso día cargado de promesas y esperanzas.
Y ya hemos llegado al final de esta entrañable historia navideña. Espero que hayáis disfrutado de esta inmersión literaria a través de los sentidos y que la historia de Ebenezer Scrooge os haya resultado más “real” y cercana. El propio Dickens, hacia el final del cuento, describe la mañana de Navidad, el día de la redención de Scrooge, valiéndose de todos los sentidos como si llamara la atención de todos los lectores para que no perdieran detalle de esa maravillosa jornada:
“Ni niebla, ni bruma; un día claro, radiante, jovial, excitante, frío; cálido, si hervía la sangre; luz dorada del sol; cielo divino; dulce aire fresco; alegres campanas”.
los-telenecos-en-cuento-de-navidad-blog-lpDisfrutad de estos días festivos y animaos a releer esta historia porque siempre se saca algo nuevo, algún detalle que había pasado inadvertido en lecturas anteriores. Y si pilláis en la tele cualquiera de sus versiones no la dejéis pasar. A mí me encanta la película de los teleñecos, con Michael Caine como Ebenezer Scrooge, porque siempre me arranca una sonrisa y me pone de humor para estas fiestas que, a veces, son un poco caóticas pero, al dejarme envolver por la Navidad de Dickens, algo de su espíritu mágico se impregna en mi alma como si el Espíritu de la Navidad Presente hubiera derramado sobre mi cabeza gotitas de agua de su antorcha. Quién sabe… estamos en fechas mágicas donde todo es posible… y si no, preguntádselo a Ebenezer Scrooge.

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4 comentarios en “EBENEZER SCROOGE Y UN CUENTO DE NAVIDAD CON MUCHO “TACTO”

  1. He seguido esta serie con todos los sentidos, un inmenso aplauso. Ha sido muy, muy entretenida la lectura, mi más efusiva felicitación por estos artículos. Yo como tu soy muy fan de estos cuentos y sobre todo de la versión de los teleñecos que suelo ver todos los años. Muchos besos y felices fiestas. Gracias por este maravilloso regalo de navidad.

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    1. ¡Cuánto me alegro que te hayan gustado los posts, Koketo!. Espero que te hayan inspirado en la cocina…yo creo que sí, que el Espíritu de la Navidad Presente te ha susurrado algunas buenas ideas como la de los picantones rellenos 🙂
      ¡Qué bueno que tú también seas fan de la versión de los teleñecos!. Muchos besos a ti también, que no te visiten los tres espíritus (bueno, el del presente sí, que es muy majo) y que disfrutes estos días con la gente que más quieres. Y como habrás sido bueno, que el día 25 amanezca con algún regalito para ti 😉
      Y como dijo, Fred, el sobrino de Scrooge: “¡Feliz Navidad!”.

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  2. Durante estos días a través de tus posts he ido reviviendo el cuento de Navidad de una manera más intensa. Es como haber pasado de lectora a espectadora y al pasear por las calles estos días, ver los escaparates decorados y a la gente de aquí para allá haciendo sus compras, me sintiera dentro de las lineas escritas por Dickens como un personaje más.
    Ha sido un placer contar con este “pase VIP” de la mano de Letras Parlanchinas para vivir en primera línea esta historia que nos invita a “despertar”, reaccionar y ser agradecidos y generosos con la vida.
    Enhorabuena y…¡Feliz Navidad!

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    1. Hola Marga,
      Te agradezco mucho tus impresiones sobre esta serie de posts navideños porque eso es precisamente lo que pretendía: que los lectores (y yo misma al escribirlos) nos sintiéramos “dentro” del Cuento de Navidad de Dickens y lo pudiéramos percibir más cercano y real. Ha sido un placer sumergirme de lleno en este viaje por los sentidos y ser testigo de la redención de Ebenezer Scrooge porque eso, en el fondo, nos da esperanza a todos (todos llevamos un pequeño “Señor Scrooge” dentro). Me ha gustado mucho eso que has dicho del “pase VIP” y si he podido escribir tantos posts sobre este tema se debe, sin duda, a la extraordinaria calidad de la historia creada por Charles Dickens. Desde aquí, Señor Dickens, le doy las gracias por habernos regalado este “cuento” tan mágico y haber “despertado” nuestras conciencias. ¡Feliz Navidad, Marga y que el día 25 lo vivas con la alegría y la ilusión del “redimido” Ebenezer Scrooge! 🙂

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