CIELO DE OCTUBRE (ROCKET BOYS). Homer H. Hickam Jr

El post de hoy va sobre sueños, cohetes y grandes amigos. ¿Y quién es el “causante” de todo esto?. Pues el Sputnik, el primer satélite artificial de la Historia que surcó los cielos el 4 de Octubre de 1957 por cortesía de los rusos.
Imaginad la impresión que causaría en la gente dicho acontecimiento. Al fin y al cabo, eran los años 50 y el hombre no había pisado la Luna todavía. Hay que recordar también que eran los años de la Guerra Fría y la carrera espacial por ser los primeros en llegar a las estrellas y, en este panorama, el Sputnik vino a ser un golazo en los primeros minutos de partido o, si habláramos de “quidditch”, sería la preciada snitch dorada que los rusos cazaron antes que los norteamericanos.
Sabemos que el Sputnik aceleró aún más (si cabe) la rivalidad entre estas dos naciones pero ¿cómo afecto a la gente de a pie?. cielo-de-octubre-blog-lp
Hubo una persona a la que el Sputnik le cambió la vida de forma tan radical que “echó a volar” y ese alguien es Homer H. Hickam Jr (“Sonny”), ingeniero de la NASA y asesor de proyectos aeroespaciales, que en su novela autobiográfica “Cielo de Octubre” (“Rocket Boys”) nos cuenta su adolescencia en el pueblo minero de Coalwood (Virginia Occidental) y cómo aquel satélite ruso cambió el rumbo de su existencia…
Las perspectivas del joven Sonny, por aquel entonces, no eran precisamente para tirar cohetes… el destino parecía haberle reservado un camino asfaltado de carbón como el de la mina donde trabajaba su padre y que, con toda seguridad, tendría que recorrer bajo imposición paterna. Y por si fuera poco este “negro” panorama, en su vida social Sonny estaba eclipsado por su hermano mayor que era un astro de los deportes y parecía llevar escrito la etiqueta de “triunfador” en su frente.
Y estando así las cosas, el Sputnik surca los cielos aquel Octubre de 1957 y su órbita deja tal impronta en Sonny que éste decide formar con sus amigos el grupo de “los coheteros” para construir pequeños proyectiles y lanzarlos en el pueblo en un intento de emular al satélite ruso y, de paso, divertirse. Estos artefactos son muy rudimentarios al principio pero el entusiasmo se va apoderando de Sonny y los coheteros y, poco a poco, casi sin darse cuenta, el ingenio y el trabajo duro van transformando la mera afición en algo más…
En un SUEÑO. ¿Y si…? ¿Y si había un futuro más allá de la mina? ¿Y si el futuro de Sonny estaba en los cielos y no bajo tierra?.atardecer-blog-lp
Parece una locura pero a Sonny cada vez le parece más real la posibilidad de orbitar su vida en torno a los cohetes. Y no es el único que piensa así: la señorita Riley, su profesora de instituto (un maravilloso ejemplo de esos maestros que te dejan huella en la línea de “El Club de los Poetas Muertos”), ha visto la extraordinaria “veta” de potencial científico que el muchacho alberga en su interior y, a diferencia del padre de Sonny que sólo ve carbón, carbón y carbón, la señorita Riley es de las que creen que el “carbón” del chico, convenientemente expuesto a las condiciones de disciplina, aprendizaje y motivación pueden sacar a la luz un verdadero “diamante” en el área de las Ciencias. Sería una lástima que semejante talento se marchitara en los estrechos límites que marca el pueblo de Coalwood y con esa consigna la maestra se convertirá en la primera defensora del sueño de Sonny.
Pero, como podéis suponer, el conflicto en casa está servido y el hogar de los Hickam parece una olla a presión: por un lado la madre de Sonny, que apoya a su hijo incondicionalmente, por otro lado el padre, que se niega a aceptar que la pasión de su hijo por los cohetes sea algo más que un juego a pesar de la admiración que los coheteros están causando en el pueblo y, por último y también en discordia (mira tú por dónde) tenemos al hermano mayor, la estrella de los deportes que, por primera vez, va a sentir celos de la atención que está generando el “pequeño” Sonny. Si a este entorno inestable le añadimos otras variables caóticas como los primeros amores y los miedos nos encontramos con una ecuación turbulenta de solución compleja o, para entendernos mejor, con la “adolescencia” en plena ebullición. Y es precisamente esta crónica de la adolescencia, narrada con grandes dosis de sencillez y sinceridad, lo que hace de esta novela una lectura muy recomendable tanto para el adolescente que se siente identificado con Sonny como para el adulto que ya pasó por esa etapa y recuerda aquellas emociones y conflictos generacionales.
Hay una película de 1999 basada en este libro y que también se llamó “Cielo de Octubre” (“October Sky”) con Jake Gyllenhaal, Laura Dern y Chris Cooper. Es una cinta entretenida pero si tengo que elegir me quedo, sin dudarlo, con el libro porque profundiza más. De todos modos, al margen de que elijáis el libro o la película, las dos opciones son buenas porque, al fin y al cabo, se trata de una historia real de superación, de valentía, de lucha por perseguir tus sueños y de creer en ti mismo a pesar de lo que diga el resto de la gente. Es una historia que nos invita a soñar y a tener ilusiones porque, aunque muchos de nuestros sueños no despeguen, otros sí lo harán y nuestra satisfacción por haberlos conseguido merecerá todo el esfuerzo empleado. Además, quién sabe, a lo mejor nuestros sueños inspiran a otros a hacer realidad los suyos. Nunca sabemos ni cuándo vamos a vivir nuestro momento “Cielo de Octubre” ni cuándo vamos a ser el “Sputnik” de algún Sonny desconocido pero lo que sí es seguro es que las ilusiones nos dan alas y nos ayudan a remontar el vuelo de nuestra vida.

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