CLEOPATRA Y LA FASCINACIÓN DE EGIPTO (2ª parte)

Os recomiendo leer el post anterior donde “Cleopatra” comienza la narración de esta crónica.
(CONTINUACIÓN)
“Roma me odiaba, me temía y me admiraba. No dejaba indiferente a nadie… ¿verdad, divino César? ¿no es cierto, Marco Antonio?. Contemplo vuestros bustos y veo el poder de la República Romana encarnada en dos hombres que me amaron y a los que les fui útil. Yo también les amé y también sirvieron a mis intereses. Tuve hijos con ambos, descendencia malograda por el terrible destino que aguarda a los herederos de un Reino codiciado y acaso por los pecados de sus progenitores. Mi Cesarión, mi Alejandro, mi Cleopatra Selene, mi Ptolomeo… ninguno tuvisteis la oportunidad de perpetuar la gloria que recuperé efímeramente para vosotros y para Egipto…

Cleopatra contemplando Madrid desde lo alto
Cleopatra contemplando Madrid desde lo alto


Veo que mis amores con César y Marco Antonio siguen siendo objeto de habladurías entre estas gentes nacidas dos mil años después. Aquí veo una alfombra colgada… ¡el episodio de la alfombra!. No puedo evitar una sonrisa al recordar la maravillosa ocurrencia que tuve de esconderme en una alfombra enrollada para poder acceder a la residencia de César cuando estuvo en Egipto. La alfombra era un bello presente para agasajarle pero nada le había preparado al hombre curtido en mil batallas para hacer frente al “otro” regalo que apareció al desenrollarla…
César, no pudiste evitar caer rendido a mis pies lo mismo que te sucedió a ti, Marco Antonio. ¿Recuerdas, Marco, el viaje en barca que hice hasta Tarso para reunirme contigo?… hay aquí una pantalla gigante que recrea este momento. ¿Recuerdas que parecía la mismísima Venus?. Yo misma me encargué de que todo resultara embriagador: mis sirvientes, los remeros, la música, la fragancia de las flores mezclada con el aroma de los perfumes…¿Cómo no ibas a sucumbir, oh, gran Marco Antonio, ante la mismísima Cleopatra?.

La alfombra, la barca del amor… reconozco que las puestas en escena han marcado mi vida. Incluso a la hora de mi muerte supe explotar esa vena dramática que la Historia ha mantenido viva en sus anales. Octavio, tú recuerdas bien mis últimos momentos porque te arrebataron el placer de decidir sobre mi propia vida. Nos derrotaste a Marco Antonio y a mí en la batalla naval de Accio, como bien podéis ver, gentes del siglo XXI, en este mapa. La fatalidad quiso que Marco se suicidara al creer, erróneamente, que yo había muerto y, cuando me encontré sola y derrotada, ¿qué otra salida me quedaba?. Sabía que Octavio caería sobre mí y me llevaría presa a Roma para ser objeto de escarnio y a saber qué otras cosas más antes de darme muerte de la forma más ignominiosa y yo, la Reina de Egipto, no podía permitir semejante final.

Detalle del cuadro "Cleopatra" de margaindesign
Detalle del cuadro “Cleopatra” de margaindesign

Y he ahí que, en esos últimos momentos, hallé en el áspid y su mortal veneno mi gran aliado para una muerte rápida y sin la desagradable visión de un puñal ensangrentado sobre mi cuerpo. Gracias al veneno del áspid yacería como si estuviera dormida y ni tú, Octavio, podrías negar que la grandeza que ostenté en vida también me acompañó en mi paso al Más Allá.
Las emociones se agolpan en los rostros de los visitantes de esta exposición. Este lugar ha resumido los hitos más importantes de mi vida pero algunas cosas todavía permanecerán vedadas a sus ojos hasta que, quizás, dentro de muchos años, esos estudiosos a los que llaman “arqueólogos” logren arrancar mis secretos y los de Egipto a las abrasadoras arenas del desierto.Post sobre Cleopatra Blog LP
Mientras tanto, la Humanidad seguirá formulándose preguntas que no encontrarán respuesta satisfactoria… como la de mi verdadero rostro.

He visto aquí muchos bustos, supuestamente míos, de inspiración helénica y de estilo egipcio y si los juntamos con las efigies mías de las monedas diríase que hubo muchas Cleopatras a la vista de tantas facciones diferentes. Todas tienen algo de mí pero ninguna plasma mi auténtico rostro, mi personalidad, mi esencia. Los expertos se preguntan si fui arrebatadoramente bella, simplemente atractiva o, incluso, poco agraciada pero con una inteligencia que compensaba mi falta de atributos físicos. ¡Cómo les gustaría contemplar mi verdadero semblante!.
Fui hermosa, por supuesto, y César y Marco Antonio podrían dar buena fe de ello si regresaran desde el Averno. Pero la hermosura, por sí sola, no es capaz de mantenerse en el poder por mucho que viaje en alfombras o en barcas exóticas… se necesita algo más y no hablo sólo de las armas de seducción que hábilmente usé sino de la inteligencia y diplomacia de las que hice gala como Reina. Puedo afirmar, con orgullo, que domino varias lenguas, incluida la egipcia, cosa que los anteriores Ptolomeos no se molestaron en aprender pero son detalles como esos los que marcan la diferencia y es la suma de todos esos elementos, en su justa dosis, el que da lugar al elixir de belleza más poderoso.

Los bustos que estáis contemplando no hacen justicia a mi belleza y, en cuanto a las representaciones de artistas posteriores a mi época, si bien no se parecen a mí tampoco puedo quejarme pues la mayoría me han imaginado hermosa. Me ha gustado el dibujo de un tal Miguel Ángel Buonarroti así como la pintura de John William Waterhouse pero ha sido una escultura de mármol de un tal Girolamo Masini, de 1882, la que me ha fascinado por su serena belleza y armonía. ¡Y pensar que he inspirado a tantos artistas!. También se han hecho “películas” sobre mí, algo así como obras de teatro cuyas imágenes han quedado inmortalizadas para el porvenir. Me han llamado la atención los vestidos, sobre todo ese manto real en lamé de seda y oro con el que me representan llegando a Roma con mi hijo Cesarión para ver al César…y, en cuanto a las actrices, tengo que reconocer que la que llaman Elizabeth Taylor es realmente hermosa y seductora aunque no recuerdo que ninguno de los Ptolomeos de mi familia tuviera los ojos color violeta…
He llegado al final de esta exposición y me colma de orgullo seguir “viva” en la Historia y en las mentes de la gente del siglo XXI. Octavio, bien sabes que, tras mi muerte, Egipto pasó a ser provincia de Roma pero, a la vista del “legado” que he dejado, puedo afirmar que “Yo soy Egipto” y la gente siempre me asociará a esa fértil y milenaria tierra de faraones”.

Espero que hayáis disfrutado de esta peculiar crónica de la exposición “Cleopatra y la fascinación de Egipto” “narrada” por la propia Cleopatra. Sólo me queda felicitar al Centro de Exposiciones Arte Canal por la calidad de la muestra y por lo atento que fue su personal durante toda la visita. Y, como bien “dice” Cleopatra, no hay un retrato fidedigno de ella pero, si os apetece ver otra “imagen” de la última Reina de Egipto, os animo a que pinchéis este enlace Cleopatra margaindesign y disfrutéis de este cuadro nacido de la imaginación de la ilustradora margaindesign tras su visita a la exposición. Quizás nunca sabremos si este retrato hace justicia a la famosa Reina del Nilo pero, en todo caso, la belleza, atractivo e inteligencia de la poderosa Cleopatra VII han quedado plasmadas en su mirada y su porte regio.

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4 comentarios en “CLEOPATRA Y LA FASCINACIÓN DE EGIPTO (2ª parte)

  1. Muchas gracias por la mención especial a margaindesign. ..me ha hecho mucha ilusión!
    He disfrutado mucho con esta segunda parte de Cleopatra, me ha resultado fascinante 😀
    Ha sido una idea muy brillante la de relatar la visita a través de los labios de Cleopatra, dos entregas dignas de haber pertenecido a la muestra organizada por Arte Canal.
    Y la nota de Indi. ..genial!!! ¡FELICIDADES POR TU INGENIO!

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    1. Gracias a ti por cederme la imagen del áspid para ilustrar el post y que sepas que tu Cleopatra me inspiró para escribir el artículo desde “su” punto de vista cosa que, al final, ha sido una elección acertada 😉
      En cuanto a la nota de Indi fue una idea que me surgió en el último momento y como de tod@s es sabido su odio a las serpientes me pareció que aportaba sentido del humor al post. Supongo que si Indiana Jones hubiera podido viajar al pasado no habría hecho falta que Cleopatra se sirviera del áspid ya que nuestro arqueólogo favorito la habría salvado de las tropas de Octavio sirviéndose del látigo pero entonces lo mismo vendrían los del Ministerio del Tiempo y le dirían que la Historia no puede cambiarse, ja, ja 🙂

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    1. Gracias a ti, Jorge, por estar pendiente de esta segunda parte 😉
      En cuanto a Indiana, era inevitable que apareciera porque un post que habla de Egipto y de serpientes está pidiendo a gritos la presencia del arqueólogo más famoso (con todos mis respetos para Howard Carter, ja, ja). ¡Que tengas buena tarde!

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