ALTAMIRA. LA AVENTURA “RUPESTRE” DE ANTONIO BANDERAS

Hace un par de semanas fui al cine y vi “Altamira”, la nueva película de Antonio Banderas. Me ha gustado mucho porque, en apenas una hora y media, te cuenta la historia de un magnífico descubrimiento para la Humanidad así como las repercusiones personales que tuvo para su descubridor, Marcelino Sanz de Sautuola.
Así que, si os interesa el tema, aquí os dejo está crónica “rupestre”.
Corre el año 1878. La Ciencia está haciendo grandes avances en el descubrimiento del Pasado de la Humanidad. Es la época de las excavaciones arqueológicas y de las teorías darwinistas. Ahora que tenemos el marco, vamos a situar al protagonista: Marcelino Sanz de Sautuola (interpretado por Antonio Banderas), un burgués afincado en Cantabria, apasionado de la Prehistoria quien, en su tiempo libre, acude a simposios científicos, donde conoce a académicos como el gran Émile Cartailhac, así como también se dedica a la “investigación de campo” por las montañas cántabras con su hija pequeña María en busca de restos fosilizados.
En una de estas incursiones, padre e hija (o, más bien, hija y padre, pues es María la que propicia los acontecimientos) descubren una recóndita cueva cuyas excepcionales condiciones de humedad han permitido la conservación de unas fabulosas pinturas murales de unos bisontes…
LOS FAMOSOS “BISONTES DE ALTAMIRA”.Altamira Blog LP
La película refleja la sensación de maravilla y abrumación que invade a Marcelino y a su hija ante semejante descubrimiento. Marcelino es un hombre de ciencia, de mente abierta, que sabe que los bisontes de Altamira son un hallazgo magnífico pero también es consciente de que una obra de arte de ese calibre (más propia de un “Leonardo da Vinci” de la Prehistoria que de un mono) obligará a replantear los pilares fundacionales de la Historia.
Sautuola comprende que, probablemente, el descubrimiento hará retrasar el “reloj” de la Historia unos cuantos miles de años más lo que, reconozcámoslo, para el hombre de a pie, sumergido en sus propias preocupaciones cotidianas, no tendría especial relevancia mas no así para ciertos individuos de los estamentos de la Ciencia y la Religión para los cuales, los bisontes policromados, van a suponer una violenta embestida contra sus cimientos.
¡Qué ironía! ¿verdad?. Dos esferas que se tienen por antagónicas e incompatibles como la Razón y la Fe van a tener algo en común: Marcelino Sanz de Sautuola, convertido en el “enemigo público nº1” tanto del gran Cartailhac y sus acólitos como de un maquiavélico Monseñor cántabro (¡un irreconocible Rupert Everett!).
“Con la Iglesia hemos topado, Sancho” dijo Don Quijote. Y habría que añadir que con los egocéntricos hombres de Ciencia también (tan pretendidamente racionales…).
“Fraude. Hereje. Mal padre”.
La lista de oprobios a Sautuola no tiene desperdicio y la campaña de desacreditación a la que es sometido en los periódicos y en el púlpito empieza a abrir una brecha en su familia…
Si algo deja claro esta película es que, muchas veces, los grandes descubrimientos tienen un alto precio. Así que, merece la pena ver esta coproducción española y francesa, a cargo del director británico Hugh Hudson (“Carros de Fuego”), porque no sólo rememora un episodio clave en la Historia de la Humanidad sino que, además, nos invita a reflexionar sobre la cerrazón en la que se puede instalar el ser humano cuando se ve cegado por los prejuicios.
Por si fuera poco, “Altamira” guarda otros atractivos en la manga:
*EL REPARTO
Hay que destacar el trabajo interpretativo de todo el reparto empezando por Antonio Banderas que le ha prestado a Marcelino Sanz de Sautuola no sólo sus facciones y su voz sino que le ha dotado de la prestancia del caballero burgués, el apasionamiento del hombre de ciencia y la desolación del que se ha visto derrotado por el fanatismo que acecha en todas las ideologías. Allegra Allen resulta muy convincente en el papel de la pequeña María, una niña cuya curiosidad por la Naturaleza no le hace perder detalle de lo que ocurre en el mundo de los “mayores”. Golshifteh Farahani, como Conchita, la mujer de Sautuola, nos transmite la lucha interna entre el amor a su esposo y el rechazo a sus ideas progresistas, rechazo alimentado por los susurros insidiosos del Monseñor interpretado por Rupert Everett, un personaje absolutamente manipulador con el que es mejor no cruzarse…
*AMBIENTACIÓN, VESTUARIO, MÚSICA
Los amantes de los paisajes hallarán en esta película un auténtico regalo para la vista con las magníficas montañas cántabras y sus llanuras veladas por la niebla y la lluvia. Además, la dirección artística ha hecho un trabajo exquisito recreando la sociedad burguesa acaudalada, como podemos ver en la hacienda de los Sautuola con esas elegantes estancias para bailes y tertulias o el despacho de amplios ventanales que miran al exuberante jardín. Y lo mismo podemos decir de los diseñadores de vestuario, responsables de transformar a Banderas y al resto de protagonistas en los caballeros, damas y sirvientes de finales del XIX. Esta estampa se completa con la música intimista de Mark Knopfler que nos adentra en el santuario de los Sautuola con una melodía que parece reflejar el fluir pausado de una época que ya toca a su fin para ser reemplazada por el ritmo frenético del siglo XX.
Como curiosidad os diré que esta película está producida por Lucrecia Botín, de la famosa familia de banqueros, como un homenaje a su antepasado Marcelino Sanz de Sautuola… efectivamente, el descubridor de Altamira forma parte del árbol genealógico de los Botín y si queremos hacer un juego de palabras la referencia viene como anillo al dedo porque el hallazgo que hicieron Marcelino y su hija María ha sido uno de los mayores “botines” para la Historia de la Humanidad.
Me gustaría terminar este post con un par de frases de la película que me llamaron la atención:
“La ciencia está hecha por el hombre a su imagen y semejanza”.
“Marcelino es un visionario, el tipo de hombre que siempre será envidiado por el hombre pequeño”.
Y una cita de la novela de Julio Verne, “Robur el Conquistador”, que parece escrita para el propio Sautuola:
“La ciencia no debe adelantarse a las costumbres: son evoluciones, no revoluciones lo que conviene hacer. En una palabra, es menester que llegue su hora. Yo llegaría aquí demasiado pronto hoy para tener razón sobre los intereses contradictorios y divididos (…) me llevo mi secreto conmigo. Pero no se perderá para la humanidad. Le pertenecerá el día en que esté bastante perfeccionado para sacar provecho de él y bastante estudiado para no abusar de él”.
Creo que a Marcelino, como al personaje de Robur, le jugó una mala pasada el “reloj” de la Historia. Mostró al mundo antes de tiempo algo que la gente todavía no estaba preparada para comprender y aceptar. Así que espero que, al menos, esta película nos haga tener más “altas” “miras” de cara a los “Leonardo da Vinci de la Prehistoria” que sigamos redescubriendo en el futuro.

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