LA AUDACIA DE “VE Y PON UN CENTINELA”, LA “HERMANA MAYOR” DE “MATAR A UN RUISEÑOR” DE HARPER LEE

Se podría decir que “Ve y pon un centinela”, la secuela de “Matar a un ruiseñor”, la gran novela americana por la que Harper Lee ganó el Premio Pulitzer y que Gregory Peck terminó de inmortalizar en el cine, ha surcado el panorama editorial del 2015 como si de un cometa estelar se tratara pues ha dejado, a su paso, todo tipo de reacciones así como la sensación de haber presenciado un fenómeno atípico.
En efecto, pocas novelas pueden presumir de un “currículum” tan variopinto:
*”Ve y pon un centinela” se publica en 2015 pero lleva escrita más de cincuenta años y, lo más sorprendente, ha permanecido guardada en un cajón, olvidada por todos.
*La “nueva” novela de Harper Lee nos muestra ya a una Jean Louise Finch adulta y, como tal, es una secuela de “Matar a un ruiseñor” pero, curiosamente, se escribió antes que ésta. Cuando Harper Lee se presentó al editor con la historia de “Ve y pon un centinela” éste sugirió que escribiera otro relato donde se narrara la infancia de Jean Louise Finch (“Scout”) lo que dio lugar al nacimiento de “Matar a un ruiseñor”.
*Si “Matar a un ruiseñor” convirtió al personaje de Atticus Finch en el paradigma de la justicia y la ética al asumir la defensa de un hombre negro, Tom Robinson, en un controvertido juicio con tintes de conflicto racial, “Ve y pon un centinela” nos desconcierta mostrándonos una faceta racista del abogado más querido de la literatura contemporánea. collage ve y pon un centinela pequeño
Sin más preámbulos, viajemos a la Alabama de los años 50 retratada en “Ven y pon un centinela” y acompañemos a nuestra querida “Scout” en el regreso a su Maycomb natal. Como lectores, nos encontramos con una Jean Louise Finch, de veintiséis años, que vive independiente en Nueva York y se dispone a pasar unos días de vacaciones en casa de su padre Atticus. Reconocemos fácilmente a la “Scout” niña en la Jean Louise adulta por esa faceta rebelde con la que Harper Lee nos la presenta, abanderando a un nuevo tipo de mujer que está surgiendo en los años 50 y que, sin renunciar a su feminidad, se aleja, sin embargo, de los tradicionales cánones sumisos.
Lo que para Jean Louise iban a ser unas vacaciones al uso con días de descanso y esparcimiento familiar se van a tornar en unas jornadas de pesadilla cuando, al descubrir unos panfletos de contenido racista en casa de su padre y preguntar, escandalizada, a su tía Alexandra sobre la razón de los mismos, ésta responde que los ha traído el propio Atticus del Consejo Ciudadano de Maycomb, institución de la que forma parte así como el novio de Jean Louise, Hank.
La sola idea de que Atticus y su querido Hank puedan formar parte de una asociación que defiende la supremacía blanca sobre la raza negra resulta inconcebible para Jean Louise pero las palabras de tía Alexandra la han llenado de inquietud y decide comprobar con sus propios ojos qué hay de verdad en ellas acudiendo a una de esas sesiones del Consejo sin que Atticus y Hank lo sepan.
La realidad de lo que presencia Jean Louise la golpea como un mazazo en lo más profundo de su ser: allí, en el estrado, está Atticus Finch cediendo la palabra a un granjero cuyo discurso, plagado de aberraciones sobre la raza de color, no parece inmutar en lo más mínimo al abogado que se jugó el pellejo por defender a Tom Robinson en el caso contra Mayella Ewell.
¿QUÉ LE HA SUCEDIDO A ATTICUS FINCH?. Esa es la pregunta del millón que se hace Jean Louise y que nos hacemos nosotr@s ante una situación a todas luces incomprensible y tan dura de digerir que la propia hija de Atticus se siente incapaz de indagar más en el asunto. El dolor es más lacerante en tanto que se mezcla con recuerdos felices de su infancia lo que la lleva a preguntarse si acaso todo aquello fue mentira y su padre se ha estado riendo de ella todos estos años.
La situación, ya de por sí angustiosa por lo que tiene de inconcebible, se agrava con la posterior ambigüedad de Atticus cuando asume la defensa del nieto de Calpurnia, la antigua criada de color de los Finch, en el caso del atropello mortal de un anciano borracho. Todos esos detalles inquietantes sobre la actitud de Atticus van removiendo peligrosamente el interior de Jean Louise y a los lectores solo nos queda acompañarla en su particular descenso a los infiernos confiando en encontrar una respuesta que aplaque nuestra inquietud. farolillo centinela pequeño
El que dicha respuesta os resulte, o no, satisfactoria queda a la libre consideración de cada uno de vosotr@s. En mi opinión la conducta de Atticus se acercaría más a un paternalismo condescendiente (con grandes dosis de ingenuidad en ciertos aspectos relacionados con la educación) que al racismo en sentido estricto pero, como ya digo, se trata de una cuestión que tendréis que valorar personalmente pues estamos ante un asunto muy complejo. En cualquier caso la lucha interior de Jean Louise supone para el lector todo un ejercicio de ecuanimidad a la hora de ponerse en el lugar del “otro” y tratar de acercarse, mínimamente, o al menos poder ver las cosas desde el punto de vista de Atticus, el antagonista de esta historia. La defensa de Atticus se basará en números y estadísticas, algo que su propia hija refutará con vehemencia alegando que la justicia no puede basarse solo en matemáticas pues corre peligro de convertirse en otra cosa. Sin embargo, pronto se hace evidente que el combate entre Jean Louise y Atticus va más allá de la defensa de los derechos de la gente de color: su contienda se libra en niveles superiores y lo que entra en juego, ni más ni menos, es la relación paterno-filial que desplazará los planteamientos éticos y legales sobre el racismo para conducirnos a las movedizas arenas del psicoanálisis.
Creo que el gran acierto de Harper Lee en “Ve y pon un centinela” es, precisamente, el retrato psicológico que hace de esa ruptura en la relación paterno filial y la habilidad para escudriñar esa complejidad valiéndose de diálogos audaces y certeros, de una gran carga emotiva, así como de monólogos internos que permiten al lector hacerse eco del maremágnum de emociones que embargan a la protagonista. En el marco de esta lucha interior hay que señalar la importancia de un personaje que va a brindar un apoyo excepcional a Jean Louise: el tío Jack, hermano de Atticus, uno de los grandes aciertos de esta novela y que, incluso, me atrevería a afirmar que llega a hacer sombra en algunos momentos al famoso abogado. El tío Jack, un doctor enamorado de la literatura victoriana, demuestra una sabiduría y una comprensión de la psicología humana que servirán de guía a la joven Jean Louise en su particular cruzada.
Me gustaría terminar esta reseña haciendo alusión, precisamente, al título de la novela, sacado de una cita bíblica del libro de Isaias: “Porque el Señor me dijo así: ve y pon un centinela que haga saber lo que viere”. El “centinela” al que se refiere Harper Lee es la conciencia de cada uno y, en el caso de Jean Louise, este centinela ha sido siempre su padre, Atticus Finch. ¿Qué sucede cuando los centinelas son puestos en tela de juicio?. Esta novela nos invita a reflexionar sobre las contradicciones que anidan en el ser humano pero no para sumirnos en la desesperación y el nihilismo sino para despertar al centinela que llevamos dentro y dejar que nos guíe en este viaje vital, a pesar de todos los obstáculos que se presenten en el camino.

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4 comentarios en “LA AUDACIA DE “VE Y PON UN CENTINELA”, LA “HERMANA MAYOR” DE “MATAR A UN RUISEÑOR” DE HARPER LEE

  1. Muy interesante el post, como todas las novelas de esa época se basan en sentimientos psicoanalíticos, juegan con el lector y despiertan sentimientos muy variados en cada uno. Me ha gustado mucho el artículo, enhorabuena.

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    1. Hola Jorge, me alegro de que te haya gustado la reseña. Lo cierto es que me ha costado un poco redactarla precisamente por la complejidad que entraña. Es una gran novela pero son de esas historias que “escuecen”, ya me entiendes. Y sin embargo, cuando terminas de leerla, tienes la sensación de haber conquistado una cumbre y salir fortalecido. “Matar a un ruiseñor” ha dejado huella en los lectores de varias generaciones y creo que, a la larga, “Ve y pon a un centinela” logrará lo mismo aunque, en su caso, le cueste un poco más conseguir la complicidad del público. Creo que pocos autores podrían reflejar un conflicto emocional de una forma tan magistral como lo ha hecho Harper Lee. 😉

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    1. ¡Muchas gracias por tus palabras, amiga!. Este libro ha causado polémica; de hecho me abstuve de leer las críticas porque no quería que me condicionaran de una u otra manera. Personalmente me ha gustado mucho pero reconozco que también es una lectura compleja. En comparación, “Matar a un ruiseñor” es más sencilla de leer porque la premisa de la que parte es muy atractiva: un abogado que va a defender un caso muy complicado, que tiene a todo el mundo en contra y, sin embargo, tiene a su favor lo más importante: la convicción de que está en el lado correcto. Aquí las cosas no son tan fáciles y quizás por eso esta novela es un auténtico desafío al lector. ¡Espero que la disfrutes! 🙂

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