EL CÁLIZ DE PLATA. Thomas B. Costain

El género literario de corte histórico con tintes espirituales ha alcanzado altas cotas con títulos como “Ben-Hur”, “Quo Vadis” o “Los últimos días de Pompeya”. Mi post de hoy va dedicado a otra de esas grandes novelas, quizás no tan conocida, pero igualmente digna de reseñarse:
“El Cáliz de Plata”, escrita en 1952 por el periodista y escritor canadiense Thomas B. Costain (1885-1965).
Por su título ya podréis imaginar que se está refiriendo al Santo Grial, la Copa que bebió Jesucristo en la Última Cena y que ha sido objeto de búsquedas místicas, obras de arte y todo tipo de enigmas.
La novela de la que os hablo hoy nos traslada al siglo I de nuestra era cuando, tras la crucifixión de Jesús, el Cristianismo empieza a dar sus primeros y clandestinos pasos a la sombra del amenazante águila imperial romana y ciertas facciones judías. En este escenario conocemos a Basilio, un joven griego de origen muy humilde y prodigiosa habilidad para la escultura y el arte de la platería, cuya vida da un giro radical al ser adoptado por Ignacio, un rico comerciante de Antioquía, que le proporciona una existencia feliz y acomodada así como los medios para desarrollar su don artístico.portada libro

Sin embargo, su vida placentera y sus sueños se truncan inesperadamente cuando cumple diecisiete años y fallece Ignacio ya que el hermano de éste, Lineo, valiéndose de artimañas y sobornos a las autoridades, arrebata a Basilio no sólo su legítima condición de heredero universal sino también su libertad al reducirlo a la condición de esclavo y venderlo a un despreciable matrimonio de comerciantes que explotan sus dotes artísticas en medio de unas condiciones infrahumanas.
La injusticia que ha sufrido Basilio se agrava más por el hecho de que Lineo, no satisfecho con el cruel destino que ha proporcionado a su sobrino, planea acabar con su vida y así acallar las voces y rumores que circulan en Antioquía acusándole de los viles actos que ha cometido. Habiendo llegado a sus oídos los siniestros planes de su tío y no teniendo posibilidad alguna de escapar de su cautiverio, Basilio vive aterrorizado esperando que, en cualquier momento, una daga traicionera se abra paso en la noche para acabar con su vida. Es en esos momentos de desesperación cuando el muchacho empieza a rezar fervientemente a un ángel, del que le han contado que protege a los esclavos, para implorarle su salvación de una muerte segura…
Y así, tres noches después, llega un forastero a casa de los comerciantes ofreciéndoles una suma elevada de dinero por la libertad de su esclavo Basilio…
Se trata de un anciano venerable, de barba blanca y mirada bondadosa cuya aparición intempestiva, en plena noche, con un propósito tan inverosímil como inexplicable son razones más que suficientes para considerarle un ángel, cuestión que, por supuesto, queda a la libre consideración y albedrío de Basilio y los lectores y que, sin embargo, este misterioso personaje prefiere resolver de otra manera:
“Yo no soy un ángel. Soy un hombre común y mi nombre te es desconocido. Me llamo Lucas y entiendo algo de hierbas medicinales y de curar enfermos. Por eso algunos me llaman Lucas el Médico”
Mapa marcado pequeñoSi vuestra sorpresa ha sido grande al descubrir la identidad de este personaje no será menos sorprendente la misión que lleva encomendada y en la que la libertad de Basilio es una pieza clave ya que Lucas ha viajado desde Jerusalén por encargo de su amigo, José de Arimatea, para encontrar un artista que lleve a cabo la tarea de decorar una valiosa reliquia que custodia con celo desde hace años…
El cáliz que bebió Jesucristo en la Última Cena…
De esta manera da comienzo una interesante trama que os mantendrá en ascuas mientras acompañáis a Basilio en su tarea de crear un armazón de plata para el Santo Grial, un arduo trabajo que, a nivel artístico, le llevará recorrer distintos lugares y conocer a figuras de la talla de Pedro, Juan, Pablo de Tarso… pero que, a nivel personal, supondrá un auténtico viaje de transformación pues a los peligros conjurados por los enemigos del cáliz se unirán sus propios miedos y dudas existenciales así como las pasiones y sentimientos encontrados ante lo que está viviendo. Afortunadamente, el joven escultor cuenta con la ayuda de Lucas y Deborah, la aguerrida nieta de José de Arimatea, así como de otros personajes que se cruzarán en su periplo a través de una geografía de desiertos, ricas rutas comerciales y ciudades imperiales.
He disfrutado mucho con la lectura de “El Cáliz de Plata” ya que la trama de aventuras se enriquece con la del descubrimiento personal. Por otro lado, resulta más que evidente el gran trabajo de documentación que ha llevado a cabo Thomas B. Costain y que hace tan fácil para el lector “trasladarse” en el tiempo y en el espacio a esas épocas convulsas, gestantes de una nueva era, y a entornos tan variados como las caravanas de camellos, imponentes ciudades amuralladas, palacios de lujo inconcebible o enclaves secretos en el corazón de las montañas…
Y no sólo acierta Costain con la recreación de ambientes sino también con la complicada tarea de mezclar personajes ficticios con personajes históricos logrando que dichas escenas parezcan naturales y creíbles.diseño peq Las conversaciones de Basilio con Lucas, las escenas en casa de José de Arimatea o en los ambientes palaciegos de Roma rezuman “realidad” por los cuatro costados a pesar de su carácter ficticio y lo mismo pasa con la caracterización de los personajes, tanto los imaginarios como los reales. Así, en Basilio y en Deborah, por ejemplo, se hace patente su condición de adolescentes con las dudas propias de la edad a pesar de los papeles heroicos que les han tocado asumir, lo cual les aporta más realismo y verosimilitud. Respecto a los personajes reales quiero hacer especial mención a Lucas, el médico, ya que me ha resultado muy querido: su combinación de ternura y sabiduría, de resolución y bondad me han cautivado desde el principio despertando mi interés por saber más de él en otra novela escrita por la gran autora, Taylor Caldwell: “Médico de cuerpos y almas”.
Ya se hizo una película en 1954, llamada también “El Cáliz de Plata”, con un jovencísimo Paul Newman, cinta que no he visto todavía y que me gustaría descubrir ahora que he leído la novela, aunque con la certeza de que probablemente me seguirá gustando más el libro por los matices que aporta. No sería descabellado, por otro lado, que se volviera a hacer una nueva adaptación al cine de “El Cáliz de Plata” viéndose el éxito que han tenido recientes producciones épicas de corte religioso como “Noé” con Russell Crowe o “Exodus” con Christian Bale, eso sí, intentando que la tendencia al despliegue de efectos especiales no desvirtúe la trama. También queda la opción de hacer una serie de televisión ya que esta novela funcionaría muy bien en dicho formato al reunir una nutrida galería de personajes y contar con los “cliffhangers” suficientes (las situaciones de suspense que se plantean al final de cada episodio) para mantener el interés de la audiencia cada semana.
Mientras tanto, es tiempo de disfrutar de la novela. ¡Feliz Lectura!.

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5 comentarios en “EL CÁLIZ DE PLATA. Thomas B. Costain

    1. Hola Jorge, muchas gracias por tus palabras, son inspiradoras, ja, ja. Se trata de una novela voluminosa pero no se hace pesada para nada. Yo también tenía ganas de volver a publicar en el blog después del parón de las vacaciones y espero añadir posts interesantes y variados para este otoño. Enhorabuena por tu blog, veo que sigues cosechando estupendas recetas.

      Le gusta a 1 persona

  1. Pues solo tenía conocimiento de la película, no sabía que estaba basada en una novela. Tal y como lo has contado yo preferiría una serie de televisión para disfrutar lentamente de la trama y los personajes…pero no tengo prisa… primero quiero leerme la novela. Con esta reseña…imposible resistirse 😉

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    1. Hola Marga, seguro que esta novela te encanta así que apúntala en tu lista de lecturas pendientes ja, ja. En ciertos aspectos guarda algún parecido con Ben Hur, en otros con Quo Vadis e incluso, si me apuras, algunos personajes guardan ciertas reminiscencias con los de “Los Últimos días de Pompeya”. Estoy de acuerdo contigo, creo que daría más juego como serie de televisión que como película ya que así se podría ahondar en detalles sin estar limitados por el tiempo de duración de una película. A ver si algún guionista lee este post y encuentra la idea factible, ¡crucemos los dedos!.

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